Estudio y exposición simultaneos del pensamiento de Nishida Kitaro.

jueves, 15 de enero de 2009


“Como ya dije, la unión de las conciencias de dos personas y la unión de la conciencia de ayer y de la conciencia de hoy en una sola persona son la misma. El primer par parece unido indirectamente desde afuera y el segundo, directamente desde adentro. Si consideramos ambos pares unidos desde afuera, podemos sostener que la conciencia presente y la conciencia pasada de la persona están unidas por signos como las sensaciones internas, así como las conciencias de varios individuos están unidas por signos lingüísticos y de otra índole. Si consideramos ambos pares unidos desde adentro, podemos sostener que las conciencias de varios individuos se unen directamente a causa de un solo fundamento en común.

Según he dicho ya varias veces, el llamado mundo objetivo no cobra existencia independientemente de nuestra subjetividad, pues la fuerza unificadora del mundo objetivo y la fuerza unificadora del la conciencia subjetiva son idénticas; el mundo objetivo y la conciencia se establecen de conformidad con el mismo principio, por esa razón podemos comprender el principio fundamental y constitutivo del universo, es decir, por medio del principio que está en el interior del yo. Si el mundo fuera algo diferente de la unidad de nuestra conciencia, nunca podríamos entrar en contacto con él. El mundo que podemos conocer y comprender está establecido por una fuerza unificadora que es idéntica a la fuerza de la conciencia.[i]


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[i] KITARO NISHIDA, Indagación del Bien, p. 106

martes, 13 de enero de 2009

entrevista al maestro kosen

lunes, 12 de enero de 2009

4.

imagen: Jacek Yerka

Contraste de seres de contrastes. Todo está vivo, pero en nuestra ideología sigue habiendo un grave problema de interacción. Una lógica de la negación equivale a una lógica de lugar. Cuando Nishida, en Indagación del Bien, se refiere al sentido del tacto (shokkaku) como probablemente el más importante de los sentidos, universal, es por ser el más inmediato y más básico reflejo de interacción con el ambiente. Son los espacios los que posibilitan las acciones.

Transgredir el lugar. Volver al presente del que nunca salimos. Casi parece una frase de consuelo. Nuestra visión tan obtusa del tiempo es el espectáculo mismo de vivir. Las perspectivas encajonadas en ciclos de siete o diez años, como si ese “paso de un concepto a otro” supusiese todo un reto. En nuestra esta sociedad, que pasó de comprar rosarios a adjetivos en cajas de jabones, el criterio oriental cae de lleno en nuestra relación con las palabras, nos apunta a que poca diferencia hay en las bases actuantes de nuestros distintos departamentos. Nos hace ineptos en nuestra organización por la misma base.

El presente es el presente absoluto” significa que el sujeto religioso, como autodeterminación del presente absoluto, es libre por trascender las causalidades abstractas del aquí y ahora concebidos en términos de sujeto gramatical o del predicado. Incluso el conocimiento científico, el pensar abstracto del sujeto, se basa en esta libertad. “El presente es el absoluto presente” es la paradoja de Dios; el sujeto refleja al absoluto como autorreflexión existencial del absoluto presente. Yo mantengo aquí la relación el tiempo y el logos eterno, discutida por Tillich en su Kairos un Logos, debe ser concebida también en estos términos. Ambas ciencia y moralidad, tienen aquí su base en la forma religiosa de vida.[i]

Nuestra inercia hizo que las palabras fuesen nuestro lugar. Asimismo, ésta se construye dentro de su propia red de pensamientos ya pensados, arrastra conexiones difíciles de superar, fruto de operaciones vividas tan sólo verbalmente, denominadas prejuicios. No asusta la frase de que nuestra sociedad vive en un blabling incesante, ni asusta tampoco la idea de que interpretemos muchas veces el mismo guión, en contextos similares, como las que surgen en épocas de exámenes, cumpleaños, funeral. Ni debería parecer patológica la velocidad con la que somos bombardeados por spots publicitarios, ¿o sí? No vayamos a decir que estamos alienados, funcionando como pilas para la reproducción de palabras, porque nos estemos haciendo de ellas. Es la actividad unificadora que mantiene el símbolo vivo.

Luchas de autoridades para explicar lo mismo. ¿Quién organiza ese conocimiento que parece autodeterminarse sólo? Se hace callar por unos instantes la intrigante pregunta sobre “quién explica” o “cual es la mejor fuente”; respuesta que va adaptada al gusto de nuestra angustia. Las palabras son comprendidas en la inmediatez del tacto. Conviene ser cautos a fin de no caer en una mera satisfacción conceptual; tanto tienen que ver con el tono de las respuestas, como con la novedad de la información. Los memes valen como moneda. La moneda es una unidad de información, valor, que sale de la nada, y que significa deuda – ya que, con billetes se decoran paredes de bares y poco más. Comprendidas por el tacto, significa decir que cada órgano vibra con la música. Con el acuerdo con otros “yoes”. Las palabras pactan mutua atención, piden préstamo.

Nishida nos apunta al error de considerar el Ser como derivado de lo conceptual. No hace más que reflejar nuestro problema de siempre. Henry Lefebvre, que se encontraba más cerca del ojo del huracán, narra la misma tensión que sentía nuestro filósofo zen en el entrenamiento de su atención: "si el ser es lo que es y jamás otra cosa si toda idea es absolutamente verdadera o absolutamente falsa las contradicciones reales de la existencia y del pensamiento se encuentran excluidas de éste. Lo diverso y movedizo de las cosas y de la conciencia es abandonado a la dialéctica en el antiguo sentido de este término: a la discusión sin rigor, al juego del sofista y del abogado que pueden a su gusto alegar en pro o en contra. Definido por la identidad, el pensamiento es al mismo tiempo definido por la inmovilidad. De donde surge un nuevo conflicto entre la estructura del entendimiento y la movilidad, entre la coherencia del pensamiento claro, y las diferentes polaridades y fuerzas cambiantes de la experiencia real. La Razón se sitúa fuera de lo real, en el ideal. La lógica se vuelve la preocupación por un ser ficticio, el pensamiento puro, al que lo real parecerla impuro. Recíprocamente, lo real se encuentra desterrado a lo irracional, librado a lo irracional."[ii]

Nishida apunta a que no hay contradicción entre pensamiento y realidad, una vez la contradicción es unidad. Lo desconocido se hace presente en mi base intuitiva, existe antes de que nazca de una sinergía, de mi situación ante él, es para-mí. Hacemos idea de la nada, porque es genuina creación. Lo irracional al que se refiere Lefebvre, enganchado al armazón de conceptos que la filosofía trata de disolver -ya que encasilla el problema de modo casi pesimista en "lo irracional"- denota el proceso creativo de una atención direccionada. ¿Hacia adónde? A los aplausos, más que a la experiencia misma. Se discute en los bastidores quién firma el lienzo. Quién se adueña de este pensamiento inmóvil. Ser la patente de una idea es más loable que ser propio ejecutor de mejorías. Por eso se deprimia Platón. Creer que uno se adueña de una idea es excluir la participación ajena y por ende negar la esencia misma de la información, que es difundirse y abrir túneles. El que esté inmerso en esta creencia no cuenta con la posibilidad verse propiedad, marioneta, de las mismas. El pensamiento inmóvil subsiste, es un parásito, de nuestra energía vital.

Se encuentra el filósofo, pues, con el silencio de lo invisible, que le lleva a la alegría del fracaso de una realidad irreal, y atónito se queda. Fracaso asumido francamente, por aquél que se da cuenta de que lo mejor que puede decir, es que nada puede decirse (a sí misma); y qué es lo que pasa cuando se transciende la garganta y se incorpora por fin la gran Comprensión, al sí mismo de la Naturaleza. Humanidad de Budas. Alegria, por otro lado, de aquél que entiende todo decir es inédita-repetición. Por esto "avanza". Nuevo y viejo, pasado-presente. El futuro, voluntad. Al ritmo de nuestra realidad inventada, el problema sujeto-objeto está anclado en nuestra mala comprensión del tiempo, nuestra prisa, y necesidad impetuosa de predicción. Predicción que es sentida, intuición activa, es experiencial; para que tenga carácter general tendrá que ser sentida colectivamente. Nuestra angústia es el eterno mirar hacia adelante, o hacia trás -cómo si de una película se tratara- y averiguar cómo le sienta a su estomago la história cuando recuerda que lo único que hay es el instante. A la vez, cómo se resiente este órgano si la historia vivida no se corresponde con el lienzo inutilmente dado por acabado por su ego. Fotografía de un quiasmo.

En la tradición oriental ordenada, la práctica orienta la construcción teorica pero en un sentido individual, y es el miedo sosegado el único responsable de que se produzca el proceso inverso. Cada órgano del cuerpo tiene un sonido asignado, pues cada uno es una inteligencia, tiene humor. Desde la visión orientadora del tacto, universal, es que queremos presentar los fragmentos a continuación; como inmediatez, lleva a la toma de conciencia de nuestra unidad, que, sumada a la perplejidad de las indagaciones religiosas, hacen ver que el andar de la mente humana va instigado por la voluntad construida, y, contrapuesta a ella, los imperativos.

***

“¿C
uál es entonces la naturaleza del sí mismo personal? ¿En donde identificamos su esencia? Si se interpreta que es una sustancia objetiva, se convierte en una criatura de mero instinto. Nuestro verdadero sí mismo no puede encontrarse ahí. Por eso he indicado anteriormente que el sí mismo ha de captarse más bien en la dirección noética donde el plano del predicado trascendental constituye al sujeto gramatical dentro de sí mismo. Para decir esto en referencia a la vida concreta, el vector temporal del mundo incluye dentro de sí mismo su dimensión objetiva y espacial. Y lo que se determina a sí mismo infinitamente en esta forma de expresión dinámica es el acto de la conciencia.

En términos de esta lógica del predicado, la naturaleza del sí mismo es racional, como auto-determinación del plano mismo del predicado. La autonomía subjetiva del sí mismo es definible entonces por la fórmula kantiana: seguir la ley moral por sí misma. Sin embargo, cuando se concibe el sí mismo en estos términos meramente formales, este sigue siendo la auto-determinación meramente de un universal abstracto: el sí mismo de una no-persona y de cualquier persona. Un sí mismo que meramente sigue la máxima del deber por el deber no posee una individualidad única o una realidad propia. Sería meramente un ser abstracto. La actividad consciente de tal voluntad formal no tendría sentido concreto, porque de ella no podría emerger nada particular o individual.

Digo, por tanto, que no puede haber actividad real meramente en términos trascendentales. El imperativo moral aquí se convierte en algo así como pensar idealmente. No se registra una decisión concreta, ni la forma de una experiencia real en la que el sí mismo consciente se niegue a sí mismo, y ya se trascienda a sí mismo. Por eso mantengo que sólo el acto de sí mismo se ve como vector de la creatividad del mundo histórico puede ser realmente una actividad consciente.

Desde este punto de vista de la creatividad histórica, incluso el pensar conscientemente es un vector configurador del mundo. El sí mismo práctico que decide concretamente no es meramente racional en el sentido trascendental. Existe por ser capaz precisamente de no seguir la ley moral por sí misma.[iii]

***

“Es la conciencia religiosa misma la fuente de nuestra lucha con el problema de la religión. El sí mismo no sufre acerca de algo que meramente lo trasciende, algo externo a él. Sufre por lo que concierne a su misma existencia, a su misma vida. A medida que reflexiona más profundamente sobre su propia vida, más agoniza acerca de la cuestión religiosa. Ahora bien, la conciencia moral trasciende esta dimensión total de la toma de consciencia existencial. Podemos decir que trasciende al sí mismo desde dentro de sí mismo; hasta tal punto las angustias de la conciencia pueden sacudir al sí mismo en un nivel hondo. No hay manera de escapar a las angustias de la conciencia. Esta angustia moral es también inevitable. Sin embargo, el sujeto mismo permanece en su propia angustia. Además en la medida en que es racional, seguirá sufriendo en su conciencia.[iv]

***

"La naturaleza vista como realidad verdaderamente concreta no cobra existencia sin una actividad unificadora. Por eso la naturaleza también posee una especie de yo o de sí mismo. Las varias formas, variaciones y movimientos que exhibe una planta o un animal no son meras uniones o movimientos mecánicos de la materia; como cada una esas formas y movimientos tiene una inseparable relación con el todo, cada una debería considerarse como la expresión del desarrollo de un sí mismo unificador. Por ejemplo la boca y otras partes de un animal tienen todas una estrecha relación con el objetivo de la supervivencia, de manera que no podemos comprender su significación si las consideramos separadas de esta circunstancia. Al explicar los fenómenos de plantas y animales debemos suponer la existencia de una fuerza unificadora de la naturaleza. Los biólogos explican todos los fenómenos de los seres vivos desde el punto de vista de los instintos de vida. Y esta actividad unificadora se encuentra no sólo en los seres vivos, sino que está presente en cierto modo hasta en cristales inorgánicos, y todos los minerales tienen una particular forma cristalina. El sí mismo de la naturaleza, es decir, su actividad unificadora se hace más claro cuando pasamos de los cristales inorgánicos a los organismos como plantas y animales (donde el sí mismo aparece primero como espíritu).[v].

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[i] Pensar desde la Nada, p. 78
[ii] Le Materialisme dialectique, p. 12
[iii] Pensar desde la Nada, p. 53
[iv] Ibid, p. 64
[v] Indagación del Bien, p. 114

domingo, 11 de enero de 2009

3.

[Jacek Yerka's art]

Filosofía no tan sólo es definir. No se trata de algo meramente conceptual. Como podemos comprobar en los conturbados desajustes en la historia de la Filosofía de la Ciencia, se hace imposible "medir con palabras". Desajustes que como consecuencia, suscitaron largos debates sobre el lenguaje, bien como el de cómo medimos, que engloba consigo el papel de la verdad. En este momento Filosofía se convierte en un amplio concepto -como puede ser el de Metafísica- y con la particularidad de que esta pretensión de actitud de explicación de la vida es dada discursivamente mientras se vive. En términos de Nishida, es formada y formante. Un debate de debates.

El pensamiento, por cierto, ocupa lugar en el espacio. La ciencia pide verificación pero no puede verificar la verificación. No puede definir la definición, mientras “la mente vive asentada en el lugar de la nada”. No tratamos, en este post, meramente de señalar una contraposición de discursos, sino más bien compartir un breve panorama del duelo teórico al que el autor asistía de lejos y que le hizo superar las dicotomías desde su misma genesis, logrando acuerdo.

Kitaro se sitúa en el cierne mismo del problema “problema”. Lo hace partiendo de la consciencia, en la que es el Error su motor: “Cuando decimos que tenemos consciencia, es porque el yo se ha superado a sí mismo. Pero una verdad tan evidente como esta, no tendrá lugar en un pensamiento que, según la lógica de los objetos, entienda la subjetividad como sustancia. Por el contrario, en el mundo de la identidad absolutamente contradictoria, que un mundo se ponga frente a otro mundo significa que una perspectiva del mundo se pone frente a otra”.[i]

Da el testimonio de un Japón en plena militarización, delirio con las cosas, grandes discursos, grandes iniciativas. Es inevitable e imposible dejar un legado fuera consonancia con su lugar y tiempo -de hecho pide para ser comprendido así- en donde la comprensión más urgente es la de nuestra comprensión-expresiva, situada en presente, para que pueda haber una verdadera comprensión histórica. Como dice en los ensayos Pensar desde la Nada, su teología “es la matriz existencial de la historia misma”[ii]. Como crítica, es un importante golpe a la lógica objetiva y materialismo dialéctico. En un nivel más sutil, un acuerdo entre idealismo y materialismo.

En su lectura encontramos, pues, acuerdo, unificación, entre pensamiento, lógica, religión y moral e historia. Nos apunta al error de, como procedimiento, “tratar de pensar lo concreto a partir de lo abstracto”, precisamente en una época de objetivismo. Y en donde, paralelamente, la propia abstracción se enfrenta a un problema similar, con la teoría de tipos, o la teoría de números, el problema de la autorreferencia, o qué es la demostración.

Para Nishida, “la materia que es objeto de las ciencias naturales es inerte no porque no pueda moverse sino porque no tiene formatividad expresiva: y la materia que no tiene formatividad expresiva no pasa de ser [una materia que ha sido] pensada. Nishida caracteriza la materia (busshitsu) en las ciencias naturales "como um mero objeto del pensamiento". De este objeto de pensamiento no resulta la vida”[iii].

Veamos el occidente. El artículo de Gödel, publicado en 1931, hace caer en el desinterés los Principia Matemática de Russell y Whitehead, y ofusca además, el proyecto de Hilbert de reducir las matematicas a la aritmética, es una buena postal. El Teorema de la Incompletud hace patente el problema de la autorreferencia en una jerarquía de sentidos. Demuestra que cualquier sistema que permita definir los números naturales es necesariamente incompleto, contiene afirmaciones que ni se pueden demostrar ni refutar. Incluso en este “ataque al corazón” de la abstracción, se siente como nunca, el problema imponerse una unilateralidad. El problema de la verificación lleva consigo el de la observación. “Ver” adquiere un significado mucho más amplio.

Ver es el hacerse mismo. “En el Zen se habla de ‘ver en el interior de la propia naturaleza y convertirse en naturaleza búdica’. Ver no significa aquí ver algo externamente como un objeto. Tampoco significa ver un yo interior por introspección. Porque el sí mismo no puede verse a sí mismo, así como el ojo tampoco puede verse a sí mismo. Y, sin embargo, esto no quiere decir que tampoco podamos ver trascendentalmente la naturaleza búdica. El “ver” del Zen significa un vuelco absoluto del sí mismo. Tiene por tanto el mismo significado que alcanzar la fe religiosa".[iv]

En Nishida, no es que "se mezclen" los conceptos, sino éstos van de la mano en la cultura en la que nos situamos. El futuro lector de Kitaro no deberá extrañarse si se siente demasiado a gusto. No concibe una teoría del conocimiento o una metafísica departamentadas, tampoco hace una cansina dialéctica de la discusión; la lógica sunyata lleva un paso más allá: hace visualizar la permanente actividad creadora, autolimitadora, constante inconstancia, punto en que se encuentra con Heráclito. Hay pues, constante autorreferencia a traves de la autonegación. Todo sale de la Nada y vuelve a la Nada, por lo que en su discurso no queda pieza sin encajarse:

"Aun el conocimiento científico es realmente tal no sólo por el método ni sólo por la lógica científica sino, basicamente, porque el conocimiento físico y, en general, el conocimiento científico es "autoexpresión de la materia misma en el mundo de la historia". En ese sentido podemos comprender el papel de la corporalidad histórica como "órgano de la ciencia", que mediante la intuición activa aprehende las cosas en una situación dada del mundo historico.”[v]

Un discurso tridimensional. Partir de lo abstracto a lo concreto equivale a dar a las palabras más valor que su contenido, la vida misma. El lenguaje, dice Nishida, es el basho, el lugar, en donde se da la expresión verbal. El Zen aconseja no confundirlas. En términos de significación, compartimos símbolos que han de ser previamente experimentados, por lo que el significado de la expresión verbal, engloba el mundo entero, el mundo vivido y viviente. Pero buscar dictar su significado, parece ser en esta lógica, el camino corto.

Desde el punto de vista del acto del juício, el mundo, en cuanto sujeto, aparece determinado temporalmente –del modo como Spinoza entiende el mundo de las sustancias- mientras que, en cuanto predicado, el mundo se presenta como misma autodeterminación del lugar –de modo similar al mundo la lógica a priori en Kant-. El sujeto, en cuanto autodeterminación del predicado –autodeterminación del predicado universal-, es objetivado.”[vi] Pero es relativo, y lo relativo en relación con lo absoluto, se reduce a la Nada.

Es en el arte, para él, en donde se da total unificación sujeto-objeto, ya que lo que se expresa es lo expresado. Hay en el arte genuina autorreferencia, inherencia viva. La expresión se da en los movimientos corporales, y el desarrollo dialéctico es actividad creativa. Es porque todo es igual que todo es distinto: las ideas van asociadas, buscan adecuación, y cuando lo hacen afirman que niegan lo que afirmaban antes. Así avanzamos.

No parece ni siquiera sospechoso que, cuando dos cosas se nos aparecen comparadas sin nuestra voluntad y una de ellas nos atañe, nos de la sensación de desacuerdo? Cada vez que comparamos, ¿no estamos, más bien, forzando una disociación de lo idéntico? ¿No buscamos acaso -con nuestro sistema económico recién fracasado-, una suerte de identidad diferenciada que recuerda al sonado llega a ser lo que eres? Y por último, ¿no habrá ido a pique el sistema capitalista por dejar que los mercados “flotasen” –sin lugar- con la magia financiera?

Lo espacial consciente o espacio-temporal, en cuanto identidad de los contrarios, se refleja dentro de sí mismo, y es a esta perspectiva a lo que solemos denominar nuestro yo. A partir de esta perspectiva el mundo consciente adquiere un orden. El acto consciente tiene siempre una orientación temporal. Auto-expresándose se define –el pasado se define en el futuro, el futuro en el pasado, el presente en el presente mismo- y esto lo hace siendo siempre consciente de su objetivo. Nuestro mundo consciente es una identidad espacio-temporalmente contradictoria, en la que lo interior define lo exterior y lo exterior define lo interior, en la que el yo expresa en sí al mundo y es a la vez punto formante de la expresión del mundo. Para que haya expresión debe haber reciprocidad: del otro al yo, del yo al otro. Llamamos nuestro yo a la perspectiva o reflejo del yo en sí mismo.”[vii]

Así no queda difícil entender que porque una cosa es igual a la otra es que todas son distintas, la unicidad de lo múltiple. La aclaración de la lógica por parte de Nishida, constituye la base de su pensamiento. Sin lugar a displicencia con las palabras, estamos ante un discurso sobrio que asume que “del ser que es pensado no puede surgir el ser que piensa”[viii], y no hay nada que encontrar en él. El autoconocimiento conlleva sistematica autoignorancia. Las teorías van negándose sistematicamente por la práctica.

Afirma que los malentendidos, en suma, “se introducen (...) cuando a lo que se concibe mediante una lógica objetiva se le atribuye de forma dogmática un estatuto metafísico como realidad de sí. Los malentendidos surgen por cosificar el concepto. En este punto me adhiero a Kant.”[ix]

***

Todo se juega otra vez en término 'comprensión', en la lógica actual. ¿Es posible, por ejemplo hablar una Inteligencia Artificial digna de llamarse así?

Hoy, lo que se hace esencial en Inteligencia Artificial es la representación del conocimiento. La forma en que es representado un dominio se sustenta grandemente en el modo en que este dominio es “comprendido”. Un programa que se limite a dar salida impresa, en un orden preestablecido, a teoremas de TNT, carecería de toda comprensión de la teoría de los números; un programa como el de Lenat con sus estratos adicionales de conocimiento, puede merecer que se lo considere poseedor de un sentido rudimentario de teoría de los números; y un programa que incorpore el conocimiento matemático a un contexto amplio de experiencia del mundo real probablemente sea el más capacitado para “comprender”, en el sentido en que nosotros creemos que lo hacemos. Esta representación del conocimiento es la cuestión esencial en IA.[x]

Y aunque a veces creamos lo contrario, la comprensión del zen al problema pensamiento-lenguaje en absoluto pasa desapercibida al pensamiento abstracto. Ellos mismos comentan:

La esencia del dualismo, según el zen, consiste en palabras: meras palabras. El empleo de palabras es intrínsecamente dualista, ya que cada palabra representa, muy obviamente, una categoría conceptual. En consecuencia, uno de los aspectos principales del zen es su pugna contra la confianza en las palabras. Para combatir el uso de palabras, uno de los mejores recursos es el koan, donde aquéllas son tan profundamente violadas que el pensamiento queda poco menos que tambaleándose, si el koan es tomado con seriedad. De manera que quizá sea erróneo decir que el enemigo de la iluminación es la lógica; antes bien, lo seria el pensamiento dualista, verbal. En realidad, el enemigo sería algo más elemental aún: la percepción. Ni bien se percibe un objeto, se traza una línea entre éste y el resto del mundo; se divide el mundo artificialmente, en partes, y como resultado, se extravía el Camino.

Koan:

Shuzan puso la vista a su corto cayado y dijo: “Si llamas a esto un corto cayado, te opones a su realidad. Si no llamas un corto cayado, ignoras los hechos. Entonces, ¿cómo tendrías que llamarlo?[xi]

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[i] KITARO, NISHIDA. Pensar desde la Nada, p. 29
[ii] Ibid, p. 58
[iii] ZAVALA, A. J., Filosofía social de Nishida Kitaro – 1935-45, p. 136 – google.books
[iv] Pensar desde la Nada, p. 77
[v] ZAVALA, A. J., Filosofía social de Nishida Kitaro – 1935-45, p. 139
[vi] Pensar desde la Nada, p. 41.
[vii] Ibid, p. 29
[viii] Ibid, p. 31
[ix] Ibid, p. 67
[x] HOFSTADTER, Douglas R. Gödel, Escher, Bach, p. 683
[xi]. Ibid, p. 280

domingo, 7 de diciembre de 2008

2.

[ Yerka's labyrinth]

Filosofía universal

Tic-tac.

“El pensar es la respuesta de la conciencia a una imagen mental, y la imagen mental es el primer paso del acto de pensar: pensar e imágenes mentales no son cosas separadas.”[i]

Vinimos con la promesa de contrastar las bases de nuestra ciencia-occidental-teórica, con la metafísica de la Nada de Nishida Kitaro. Al ser una dinámica completamente contradictoria, esto nos suscitó especial interés inmediato, ya que tal propuesta al provocarnos la risa, nos hizo concluir, que esto debería ser algo tan “bueno” cuanto el acuerdo. ¿Qué puede aportar Nishida Kitaro a nuestra visión de la ciencia occidental? Todo y nada. Depende de cuanto usted quiera a esta Ciencia. ¿Qué puede aportar a nuestra visión de la ciencia, una nueva visión de conciencia experiencial integral? Bueno, esto es otra historia.

Más que repetir sistemáticamente un contexto con una serie de datos y conceptos perfectamente ordenados, queremos transmitir un mensaje. Más que embriagarnos de conceptos abstractos, seductores por la cantidad de memes coleccionables en los que la mente, de cierta forma, encuentra buenas recompensas en esta realidad de millones de síntesis por segundos –porque aún pensamos en términos de segundos, pero no pensamos en cuándo el concepto quedará corto- queremos decir lo que hemos averiguado.

De modo que trataremos a la erudición que nos mentecapta, la que nos hace más rigurosos y menos creativos, apretándonos el nudo de la corbata, poniéndonos en la potencia para repetir el curso muchas veces, incluso durante décadas, de manera sensata. Ella es a la que invitaremos a bailar por unos instantes, si se deja. Al fin y al cabo, no vayamos a ser incordiosos con quien siempre trató de tener todo limpio y conservado. Compartimos, con todo, la idea de que la enseñanza es inherente a la vida. Sabemos que el maestro –à la griega- no promete resultados, pero tampoco garantiza evitar el olvido de sí mismo al que puede caer, al perder la percepción de ambos movimientos de la esfera –rotación y traslación- por situarse en una maquinaria “perpetuada” que detiene la información, la afirma. Como futuros maestros trataremos pues, de no convertirnos en esclavos de nuestras opiniones desactualizadas, sin miedo a equivocarnos y arrepentirnos, propiamente porque debe de ser tremendamente aburrido tener la misma opinión -à la griega- toda la vida. ¡Con todo lo que podemos cambiar!

Para empezar hagamos un pequeño ejercício visual. Ahora es usted una esfera. Una esfera donde los límites son su certezas, lo demás, su negación, vacío, esencialmente, lugar. Como el movimiento de la Tierra alrededor del Sol. Somos esta burbuja de reflejo, llamada mundo. En ella están todo los elementos, todas sus percepciones, y en ella se refleja todas sus certezas. En nuestro mundo hay “todo lo que hay”, todos los elementos, miles de árboles, una Compostela única, también São Paulo, o París. Hay aquí toda una suma de experiencia que no va en discordancia con a la intuición, ya que puede usted “sentir” Tokio, sin que haya experimentado este lugar de primera mano, puede prever sus futuras emociones, sus futuras confrontaciones con la realidad. Es usted tan planeta como el planeta.

Su mente funciona, visualmente, en coordinadas espaciales, en ellas burbujan todos sus pensamientos que provienen de la experiencia del cuerpo. Yin, yang. Sitúese usted donde quiera. En la esfera grande, la de la visión y la percepción del espacio que es usted, o en la del centro, la de las certezas que lo definen y le aíslan en el espacio contradictorio. En la afirmación o la negación. La unilateralidad es el precio de la razón humana. Es la experiencia de la esfera compartir su negación.

La enseñanza de la lógica sunyata es lo que señalaremos como correspondiente a la mejor traducción para la comprensión de los problemas conceptuales derivados de la nueva percepción de la realidad que asume la física cuántica actual. En un sentido individual, nos referiremos cuántas veces sean necesarias, a la práctica del zazen, y cómo ésta ha influído nuestro autor. Trataremos con ello, de abrir un discurso que nos aparte de la miopía. Propondremos un viaje a esta realidad íntima del movimiento de la naturaleza, a la que siempre aspiró el conocimiento humano: la comprensión de la comprensión, la conciencia de la conciencia. Un viaje que aspira hacer parte de una auténtica filosofía de la visión, Ser espacio fértil.

Burbuja.

Cada certeza que usted tiene, cada buena intuición que define, elimina tantas otras en el repertorio creando una buena o mala tensión, que hace que sigamos sosteniendo tal pensamiento, tal idea, o la inhibamos. Quizás, por ello mismo la más conocida de las ideologías y estandarte de las certezas, se hizo con el prefijo “epi”, durante siglos, que como se sabe significa “sobre”, “plenitud”. Pero al hacerse con la certeza con el fin de perpetuarla, más que secuestrar un prefijo o un pronombre, la lógica escolástica provocó una inmensa burbuja conceptual, una definición rígida al espíritu humano, la que romperemos –los demás mortales- al alcanzar su comprensión, a fin llegar a un acuerdo, porque ésta es la marcha del pensamiento.

Ahora viene el momento de preguntarse, ¿cuándo se rompe la burbuja? Cuando se convierte en el otro, cuando se da la vuelta a si misma, y recibe de vuelta el movimiento que su rotación genera, la traslación -de la cual no somos conscientes- y el efecto de sus propias acciones o reacciones. Es un movimiento de adecuación, pues no todo depende de usted. Si fuera así, no hablaríamos de una realidad a la que ajustar la mente, ni de una mente a la que ajustar a la realidad. No tendríamos la necesidad de explicarnos nada plausiblemente. Pero vivimos en conjunto, y como dice Kitaro, en esencia somos un todo de expresión-perceptiva, actividad-pasividad.

“El acto de pensar y de la experiencia son idénticos. Aunque podamos ver aquí una relativa diferencia no hay una distinción absoluta entre ambos. No digo que el pensar sea algo meramente individual y subjetivo. La experiencia pura puede, según ya lo manifestamos, trascender la persona individual. Aunque pueda parecer extraño, la experiencia conoce el tiempo, el espacio y la persona individual y, por lo tanto, los transciende. Lo cierto es que no hay experiencia porque exista un indivíduo, sino que existe un individuo porque hay experiencia. La experiencia del individuo es simplemente un pequeño ámbito distintivo de la experiencia limitada en el seno de la verdadera experiencia.”[ii]

Nishida Kitaro no hace más que dibujar en palabras la experiencia del movimiento del Yin Yang. Eso se complementa con la idea de que usted es la tensión entre usted mismo y el mundo que es. Su proceso de inteligencia, el comportamiento de sus neuronas, adquieren, a saber, tres tipos básicos de comportamiento: excitación, inhibición, y cambio de patrón. Proceso muy semejante al evocado por la lógica sunyata. El movimiento de nuestros procesos sinápticos es el reflejo de nuestra observación, entendimiento, movimiento de adecuación, búsqueda de nuevos patrones, seleccionado a los nuevos fines, que, resultan ser los mismos principios actualizados, con nuevo impulso. Conocemos entonces nuestra negación, nuestra ignorancia.

Nuestra tarea intelectual no es más que poner a varios elementos experienciales de acuerdo. Y como tal entendimiento que pretende descripción, nos obliga a situarnos más allá del bien y del mal, para lograr una buena codificación en palabras, que de fuego al movimiento, vaga la redundancia, hacia su perfección. Hacia una verdad que no puede ser más que experimentada, y porque al ser experimentada se constituye como verdad. Es paradójica, puesto que afirma que niega y niega que afirma; cesa la exaltación, el dolor y el conflicto, pues encuentra y busca en su más íntimo una visión, un acuerdo, una efectiva descripción, es decir, Justicia.

Pero si considera la realidad como algo ajeno a usted, entonces tiene un grave problema. Primero porque se asume a sí mismo tan sólo como expresión externa, situándose siempre en una proyección de futuro-traumático; no olvidarse que es usted una esfera. Segundo, porque crea en sí mismo, otro espacio, dentro propio espacio-mental. Crea así una barrera, una burbuja en la burbuja. Y con mucha razón puede sentirse orgulloso de ser el propietario de esta dualidad de espacios, y responsable, asimismo, de la calidad que éste adquiere a lo largo de su vida.

Confiemos pues, que a la hora de hacer el trabajo intelectual de “memificar”, es decir, convertir este ángulo de visión de la realidad –del mundo- en unidad de información, hemos aprendido la lección, a fin de que nuestro cambio de patrón, de actitud, se transmita, pero que no cierre las puertas a nuestro futuro aprendizaje. No pretendemos un conocimiento definitivo en términos de discurso, pero sí que éste nos ayude a crear más discurso que compartan la visión del proceso de la experiencia de la conciencia, y de la conciencia de la experiencia. Misión de una traducción en palabras.

“Por lo general se piensa que las experiencias perceptivas son pasivas porque la actividad es completamente inconsciente, y el pensar es activo por que la actividad es completamente consciente. Pero, ¿podemos establecer una distinción tan clara? Cuando se desarrolla y opera libremente, el pensar también se basa casi por entero en la atención inconsciente. Contrariamente a lo que cabría pensar, el acto de pensar se hace consciente cuando está impedido de su progreso. Lo que hace progresar el pensar no es una actividad voluntaria, pues el pensar se desarrolla por su propia cuenta; sólo cuando nos desembarazamos del yo y nos fusionamos con el objeto de pensamiento o con el problema –cuando nos perdemos en ellos- se manifiesta la actividad pensante.”[iii]

Ver. ¿Qué pretensión habrá, más esencial que la visión, que compartamos todos los hablantes de todas las lenguas? Hablamos para digerir la visión, hablamos para construir la visión, para volver hablar. Aceptar la contradicción parece ser el mensaje. Entender la síntesis. Vivimos en una continua comprensión, ajuste de consciencia –aunque muchos incluso se olviden de que están vivos. ¿Qué manera, mas eficaz que las imágenes, deberíamos adoptar si no, para lograr un discurso que ayude a ver, que describa la visión?

Tenemos aquí, la buena excusa que nos brinda el pensamiento oriental, traducido en clave occidental, al braile. Contraste con la aprehensión palabras, y que con ello, asume todas las objeciones y contrastes de la lógica. Es el contraste nuestro proceso de codificación “interna” de la realidad. Nuestra manera de pensar occidental no está fuera de este juego de contraste con la visión oriental, con el pensamiento consciente, fruto de la acción-experiencial. Por eso los principales comentadores de Nishida, lo sitúan frecuentemente dentro y fuera de la dialéctica, al sentido de Hegel. Y no hay más que ver como nos construimos, en esta parte del globo, como los reyes de las teorías, y lo mucho que hemos valorado el empeño de deducir teoría de la teoría misma.

Proponemos pues, a la voz de Kitaro, una suerte de Fenomenología del presente –confiando en que este concepto sea una buena traducción, y que el lector se atreva a dar el paso a entrar de lleno en su propia experiencia vital, como método para vislumbrar otra percepción del tiempo, que juegue conscientemente con el optimismo o pesimismo de su espíritu. No la percepción del tiempo cronológico-conceptual, pero el tiempo de las esferas, en donde el movimiento de rotación y de traslación son realidad el mismo concepto. Para eso, es menester tener en cuenta que la regeneración conceptual es tarea fundamental de filosofía, y que ésta sólo es posible por la experiencia.

Abogamos, pues, por una “epojé visual”, es decir, de una experiencia integral del cuerpo, un poner en paréntesis las concepciones pasadas –los prejuícios, que engendrarán las concepciones futuras, que supondrán, con todo, la situación sentimental de este mismo cuerpo. Trataremos de superar nuestro ejercicio aeróbico de pasado-presente-futuro –tic, tac- por unos instantes, a fin de situarnos en donde realmente estamos.

En un lenguaje poético, trataremos de ser conscientes de la alquimia de la naturaleza, de que la luz provoca tinieblas, pues es motor del cambio, síntesis de tensión, acuerdo. Es usted una esfera porque lo que está a su límite le niega esencialmente, le niega materialmente, le niega físicamente. Su energía es luz que se actualiza de manera sistemática en la ignorancia. La esfera, al hallar la comprensión de la consciencia, da la vuelta a si misma, y “desaparece” como tal, cambia de polaridad, o como dice acertadamente Punset, "cambia de opinión" como todo lo material. Y la pregunta que Punset se plantea no nos es novedosa: "¿qué es lo que se muere cuando el cuerpo se muere?", ¿qué es eso que tenemos que resiste al cambio de opinión?

Uno podría preguntarse igualmente, en este punto, como teórico, cuál ha sido el momento, en la historia de las ideologías, en el que el ser humano se ha separado “visualmente” de su realidad la propia realidad, creando esta segunda burbuja denominada “ajeno”, similar una madre que se cuestiona en relación a los errores de sus genes. Pero, ¿acaso es más importante qué ser consciente del presente? Ese momento de pretensión de explicación teórica no tiene otra función que regenerarnos. La perfección “despierta” es el camino de nuestra mente, nuestra energía corporal. Hemos de añadir, como otra obviedad, que el concepto de mente es aquí tratado de manera holística, es decir, es inconcebible como “una parte”, sin su cuerpo.

Aspirar a un discurso que enseñe a “ver”, es algo más averiguar qué hay por detrás de éstas palabras, que buscar una colección de “intenciones”. E igualmente, sería una verdadera injusticia resumirlo en un mero palabrear de imágenes. Pretende sí aguzar el ego filosófico dentro de su propio germen, negándolo, y a la vez aceptando en su condición de crítica de afirmar dicha negación, convirtiéndose en mensaje, burbuja. Una unidad de información que propicia cambio. No hay pretensión mayor que la de cumplir con su objetivo, de abrir espacio a más discurso y más reflexión dentro de nuestro esquemas de certezas, de nuestra esfera intelectual occidental. Gozar del espacio de una Filosofía Universal.

No hay más que la de invitar al baile al simple teórico o cabeza-parlante, a superar “el error de Descartes”, a fundirse con su propia experiencia vital, fruto de su voluntad. Apelar sin miedo, a que cada uno de nosotros haga su propia actualización de conceptos, de manera consciente. Una filosofía experiencial, práctica, que pretende dar uso a la visión como método indispensable de la experiencia del cuerpo, que construye el presente, y que comprende “lo teórico” y el espacio en el presente absoluto.

¿Qué clase de hechos mentales son experiencia pura en este sentido? Por cierto nadie objetará que se incluyan aquí las sensaciones y las percepciones. Creo sin embargo que todos los fenómenos mentales se manifiestan en la forma de experiencia pura. En el fenómeno de la memoria, la conciencia pasada no se da directamente en nosotros, pues no intuimos el pasado; sentir algo como pasado es sentirlo en el presente. Un concepto abstracto nunca es algo que trascienda la experiencia, pues es una forma de conciencia presente. Así como un geómetra imagina un determinado triángulo y lo toma como representativo de todos los triángulos, el elemento representativo de un concepto abstracto no es más que un tipo de sentir en el presente. Y, si consideramos el llamado margen de la conciencia como un hecho de experiencia directa, hasta la conciencia varias relaciones entre hechos y experiencia es –lo mismo que la sensación y la percepción- un tipo de experiencia pura. Teniendo en cuenta estas observaciones, ¿cuál es el estado de los fenómenos del sentimiento y de la voluntad? Evidentemente, los sentimientos de placer y de displacer son conciencia presente; y la voluntad, aunque está orientada a una meta situada en el futuro, se siente siempre como un deseo en el presente”[iv].

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[i] KITARO, N., Indagación del bien, p. 53
[ii] Ibid, p. 59
[iii] Ibid, p. 53
[iv] Ibid, p. 42


domingo, 16 de noviembre de 2008

1.

El estudio que se presenta en este blog tiene doble intuito: por un lado, el de divulgar, a rasgos generales, las principales aportaciones de la Escuela de Kioto a la Filosofía, y por otro, ayudarnos a crear un formato útil para administrar el material adquirido para nuestro trabajo "El ser en Nishida Kitaro", en la asignatura de Metafísica I, en la facultad de Filosofía de la USC.

Nos centraremos, pues, en Nishida Kitaro (1870-1945), como protagonista de nuestro estudio en esta primera etapa. No pretendemos dejar de lado, en este blog, otros miembros importantes de la Escuela de Kioto, como Tanabe Hajime y Nishitani Keiji, pero no les trataremos de inmediato. Se ruega paciencia a los lectores inquietos.

La designación "Escuela de Kioto" aparece por primera vez impresa en 1932, en un artículo escrito por Tosaka Jun, bajo el título: "La filosofía de la escuela de kioto", a la cual traza una crítica importante, calificándola como fenomenología, aunque trate cuestiones que sobrepasan el fenómeno de la conciencia.

HEISIG considera que la crítica de Tosaka a Nishida es un intento de socavar la polaridad entre idealismo y materialismo desde sus bases; Nishida sacrifica una conciencia historica por una preocupación por la interioridad de la conciencia del sí mismo. Tanabe trata de introducir en este modelo la práxis historica y la conciencia social. Nishitani Keiji fue alumno de Nishida y Tanabe, y desde este background trazó su propio pensamiento.

(Fuente: HEISIG, James W. Filósofos de la Nada, Herder, 2002.)